martes, 12 de junio de 2018

Uveítis

La úvea, la capa vascular del globo ocular, está formada por el iris, el cuerpo ciliar y la coroides. Las inflamaciones de la úvea se denominan uveítis. Las anteriores afectan el iris (iritis), el cuerpo ciliar (ciclitis) o ambas estructuras (iridociclitis). Las uveítis posteriores afectan la coroides (coroiditis). Cuando se afecta toda la región uveal se habla de panuveítis. Las uveítis suelen ser unilaterales e inciden en individuos jóvenes (20-50 años). En la mayoría de casos la causa es desconocida. Clínica y anatomopatológicamente se dividen en:

No granulomatosas. Son las más frecuentes. Se producen principalmente por fenómenos de hipersensibilidad, dada la buena respuesta a los corticoides y la ausencia de organismos patógenos en la lesión. Asientan por lo general en la úvea anterior y pueden ser agudas o crónicas. Presentan infiltración de linfocitos, así como células plasmáticas con fibrina. Existen formas supuradas, consecuencia de infecciones bacterianas o micóticas con producción purulenta (hipopión) y de abcesos.

Granulomatosas. Derivan de una invasión microbiana activa de los tejidos uveales, aunque pocas veces se pueden aislar dichos gérmenes. Tienen predilección por la úvea posterior, pero también pueden afectar la anterior. Se forman acumulaciones nodulares de células epitelioides y linfocitos con células gigantes. El diagnóstico específico se establece al examinar ojos enucleados e identificar bacilos tuberculosos, espiroquetas de la sífilis, quistes toxoplásmicos, granulomas de sarcoidosis, oftalmias simpáticas u otros.

Uveítis anterior

Generalmente no granulomatosa, se caracteriza por su inicio agudo, con dolor, congestión, fotofobia y visión borrosa. Se dilatan los vasos del limbo y aparece enrojecimiento pericorneal. El iris se vuelve congestivo, se hincha y exuda. Hay células y proteínas en el humor acuoso, que se enturbia y difracta la luz incidente sobre sus moléculas (fenómeno de Tyndall). En la superficie posterior de la córnea se aprecian unos finos depósitos blanquecinos denominados precipitados queráticos. También pueden desarrollarse sobre la superficie anterior del cristalino. A veces en la cámara anterior se observa un hipopión (pus) o un hipema (sangre). El vítreo puede enturbiarse.
La agudeza visual está reducida. La pupila se contrae (miosis) y reacciona lentamente. El aumento proteico en el humor acuoso induce la formación de adherencias entre el iris y la cápsula del cristalino (sinequias posteriores) o entre el iris y la malla trabecular o la córnea (sinequias anteriores). Si todo el borde pupilar se adhiere o sinequia al cristalino, se produce una seclusión pupilar. En el área pupilar se forma un exudado, que se organiza y vasculariza a partir del iris (oclusión pupilar). El humor acuoso no puede pasar de la cámara posterior a la anterior, por lo que se acumula detrás del iris y lo empuja hacia la córnea (iris abombado) con producción de cierre angular y glaucoma secundario.

Uveítis crónica. Seclusión pupilar

En las iridociclitis no granulomatosas predominan el efecto Tyndall, los precipitados y las sinequias. Son las más frecuentes y se relacionan con procesos reumáticos, víricos (herpes) o focales (focos infecciosos a distancia, como por ejemplo dentarios, sinusales, renales, cólicos o genitales). Las uveítis anteriores granulomatosas son de comienzo insidioso y pueden producir acumulaciones de exudados nodulares grises en el borde pupilar (nódulos de Gilbert-Koeppe) o en la superficie del iris (nódulos de Busacca). Los precipitados queráticos son de mayor tamaño, adquieren forma de gotas de grasa y están compuestos por células epitelioides y macrófagos. Las iritis nodulares se caracterizan por presentar nódulos blanquecinos; son menos frecuentes y se relacionan con la tuberculosis, sífilis, lepra y sarcoidosis.

Uveítis posterior: coroiditis

Suele ser granulomatosa y de aparición insidiosa, con fotofobia y dolor mínimos o ausentes. No hay enrojecimiento perilímbico. La visión sólo se deteriora de forma notable si existe afección macular. En las coroiditis suelen afectarse las estructuras vecinas a la coroides: el vítreo (hialitis o vitritis) y la retina (coriorretinitis). Las lesiones activas recientes aparecen como placas de color blancoamarillento con turbidez vítrea. Cuando se resuelven, el vítreo se aclara y la lesión se pigmenta de forma gradual por proliferación del epitelio pigmentario de la retina. Las áreas cicatrizales dan lugar a escotomas, pero el paciente no los suele apreciar si no afectan el área macular. Algunas coroiditis son asintomáticas y se descubren en exámenes rutinarios. Cuando aparecen varios focos inflamatorios en el fondo del ojo se habla de coroiditis diseminada.
Existen coroiditis supuradas producidas por estafilococos (poco virulentos) o estreptococos (muy virulentos). Provocan un cuadro local o inflamación difusa, cuya intensidad puede conducir a endoftalmitis o panoftalmitis. La mayoría de coroiditis son idiopáticas y no se conoce el agente causal.

Coroiditis inespecífica

Angiografía del caso anterior

Diagnóstico. Son de valor las pruebas cutáneas (tuberculina, histoplasmina), las pruebas hemáticas (tinción con azul de metileno Sabin-Feldman, FTA-ABS para sífilis, anticuerpos fluorescentes o hemaglutinación para toxoplasma), las pruebas no específicas (radiografía de articulación temporomaxilar para artritis reumatoidea incipiente; queratocentesis para valorar citología, anticuerpos y microorganismos; radiografía de columna sacroiliaca para valorar espondilitis anquilosantes; radiografías dentarias, craneales y de senos), el tipado HLA (el HLA-B27 aparece en iridociclitis asociada a espondilitis anquilosante) y la angiografía fluoreseceínica.
Tratamiento. Se basa en el empleo de midriáticos-ciclopléjicos (atropina, ciclopentolato, fenilefrina) asociados a antiinflamatorios (corticoides tópicos y sistémicos y agentes no esteroideos, como ácido acetilsalicílico, fenilbutazona e indometacina). Se debe aplicar tratamiento específico cuando se conoce el agente causal. Ciertos casos pueden requerir inmunoterapia.

Tipos específicos

Toxoplásmica. La produce un protozoo, el Toxoplasma gondii. Es la causa comprobada de coriorretinitis más frecuente en el mundo. Se presenta en forma de coriorretinitis focal aguda con recidivas entre los 11 y 40 años. La forma sistémica es benigna, pero si la gestante contrae la enfermedad durante el embarazo, existe un 40% de probabilidades de que el hijo también la adquiera. La forma congénita es la más frecuente y puede cursas con convulsiones, calcificaciones intracraneales y coriorretinitis. Todas las mujeres deben someterse a una prueba serológica para toxoplasmosis antes del embarazo.
Se trata con pirimetamina, 25 mg diarios durante 20 días, más sulfadiacina, 1g dos veces al día durante 30 días, más ácido folínico, 6 mg diarios.
Otras uveítis específicas son la tuberculosa, histoplasmosis, sifilítica, por adenovirus, herpes simple, herpes zoster, citomegalovirus, síndrome de Behçet, enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada, oftalmia simpática por tratamientos quirúrgicos, histoplasmosis, aspergilosis, candidiasis y parasitarias. Aparecen asociadas a espondilitis anquilosante, síndrome de Reiter, colitis ulcerosa y sarcoidosis. También hay uveítits por hipersensibilidad (adrenalina, proteínas cristalinianas, etc.).


Coriorretinitis herpética




martes, 5 de junio de 2018

Aparato Lagrimal


                                                                                                   

La hidratación normal de la superficie ocular requiere un correcto equilibrio entre la producción de lágrimas en las glándulas lacrimales y la evacuación de las mismas por las vías lagrimales.


Glándulas lacrimales

Producen las lágrimas por secreción basal o refleja. La secreción basal produce continuamente lágrimas lubricantes por varias glándulas situadas en la conjuntiva bulbar o palpebral con secretores grasos (lipídicos),  serosos (acuosos) y mucinosos (mucina). La secreción refleja se produce en la glándula lacrimal principal. Las lágrimas reflejas son acuosas y tienen poco valor lubricante. Se producen como respuesta de emergencia cuando el ojo se irrita por tóxicos (humo, cortar cebolla), lesiones (rascado, cuerpo extraño) o por emociones (disgusto). Las lágrimas contienen mucina, agua, lípidos, proteinas y anticuerpos para bañar, nutrir, lubricar y proteger la superficie ocular. Al parpadear se distribuyen por dicha superficie ocular y forman tres capas bien equilibradas. La capa más interna es de mucina, se adhiere a la córnea y estabiliza la película lagrimal. La capa media es acuosa (98% agua) para limpiar la superficie ocular y la capa externa es de lípidos (aceitosa) para reducir la evaporación de la capa acuosa.

Representación de las tres capas lagrimales: M, mucosa; A, acuosa; L, lípida
Rojo: córnea


Ojo seco

Se produce por disminución de la secreción basal y se manifiesta con lagrimeo, sensación de cuerpo extraño, picor, quemazón, visión borrosa al leer, usar ordenador  o ver la TV mucho tiempo. En ocasiones ojo rojo e irritado. El ojo seco puede confundir pues paradójicamente en algunos casos el principal síntoma es el lagrimeo. Cuando faltan lágrimas basales el ojo se irrita y fabrica lágrimas reflejas en gran cantidad. El sistema de drenaje no puede eliminarlas en su totalidad y algunas salen fuera hacia la mejilla (epífora). El ojo seco se asocia al envejecimiento, menopausia, medicaciones (sedantes, ansiolíticos, antidepresivos, antiálgicos y antialérgicos), enfermedades (diabetes, Sjögren, parkinson), ambientes calientes, secos o con viento, alturas, aire condicionado, humo de tabaco, uso de lentillas, leer, ver TV o usar ordenador, inflamaciones y cirugías (LASIK). En el diagnóstico se emplea el test de Shirmer, el tiempo de evaporación entre parpadeos y la presencia de lesiones superficiales causadas por la sequedad en córnea y conjuntiva con tinciones vitales (fluoresceína, rosa de Bengala). 



Test de Shirmer


Tratamiento.
Se emplean lágrimas artificiles lubricantes en forma de colirio (corta duración), gel (duración media) o pomada (larga duración).  Se debe eliminar la causa desencadenante siempre que sea posible. Se aconseja humedecer el aire en casa o en el trabajo. Si existe inflamación glandular o palpebral se emplean antibióticos y limpieza palpebral con jabones neutros. En los casos graves se emplean, antiinflamatorios, ácidos grasos, ciclosporina y pilocarpina oral. A veces se obtienen buenos resultados mediante oclusión de los puntos lagrimales con implantes de colágena (provisionales) y silicona (definitivos) o con cauterización o injertos de conjuntiva sobre los puntos lacrimales. De esta forma las pocas lágrimas que el ojo produce no se van hacia las fosas nasales.

 

Representación de las vías lagrimales en el rostro de un joven.
Tapones provisionales y definitivos

1. Punto lagrimal normal; 2. Implante de colágeno;
3 y 4. Implantes sintéticos

Tapón de silicona en su inyector a punto de ser colocado

Cauterización del punto lagrimal

 

Vías lacrimales

Es el sistema de drenaje que canaliza las lágrimas desde el globo ocular hasta las fosas nasales.

Epífora (lagrimeo)

Se produce por desequilibrio entre la producción y el drenaje de las lágrimas. Se provoca un exceso de producción por estimulación directa o refleja de las glándulas como consecuencia de cuerpos extraños, traumatismos, gases irritantes, frío intenso, deslumbramientos, excitación psíquica (llanto) y como parte de la tríada defensiva (fotofobia, blefarospasmo y epífora) en inflamaciones del polo anterior. En otros casos la formación de lágrimas es normal pero se produce epífora como consecuencia de una evacuación lagrimal deficiente por obstrucción de las vías lacrimales.

En niños. Un tercio (30%) de los recién nacidos tienen obstrucción de la vía lagrimal al persistir la membrana de Hasner (resto embrionario que usualmente desaparece al nacer) en el punto donde dicho conducto desemboca en la nariz. Se observa epífora y secreciones amarillentas en la conjuntiva y en los bordes palpebrales. La compresión sobre el saco lagrimal provoca el vaciado del líquido mucopurulento acumulado en el conducto. Se trata con antibióticos, y masajes sobre el punto, canalículo y saco lagrimal. Si la obstrucción perdura se realiza un sondaje. La obstrucción se resuelve en la mayoría de casos si el sondaje se realiza antes de los 6 meses y si se espera más tiempo los resultados son cada vez peores. Después de los dos años de edad es muy difícil tener éxito. No existe acuerdo sobre el tiempo ideal para realizar el sondaje. Algunos oftalmólogos aconsejan esperar pues muchos casos se resuelven de forma espontánea con el paso del tiempo pero otros prefieren actuar en los primeros meses cuando los resultados son mejores.

En adultos. Las obstrucciones adquiridas de las vías lacrimales son frecuentes y están favorecidas por la falta de higiene. Afectan más a mujeres pues suelen tener el conducto lacrimonasal más largo y más estrecho y además tienen más descamación epitelial con los cambios hormonales y emplean más veces cosméticos. La obstrucción ocurre como consecuencia de envejecimiento, accidentes, quemaduras, causticaciones e infecciones. Se emplea la dacriocistografía para valorar las obstrucciones anatómicas de las vías lacrimales y la gammagrafía para las obstrucciones funcionales.

Dacriocistitis

Son las infecciones del saco lagrimal.  La forma aguda tiene una presentación brusca y dolorosa, con tumefacción superficial dura, unilateral y de color rojo intenso sobre la región del saco.  Se acompaña de inflamación palpebral y de la raíz nasal, con reacción de los ganglios linfáticos preauriculares y submandibulares. Se trata con antibióticos por vía general y tópica (de valor limitado). Cuando el saco se distiende mucho y se forma un absceso localizado debe drenarse con una incisión superficial y obtener extensiones y cultivos con antibiograma para seleccionar el antibiótico más adecuado. Una vez controlado el proceso agudo se debe considerar la cirugía para solucionar la obstrucción. La forma crónica presenta lagrimeo de larga evolución y secreciones transparentes o mucopurulentas. Al presionar sobre el saco dilatado aparecen secreciones por los puntos lagrimales.

Cirugía. Se realiza una comunicación entre el saco lagrimal y la fosa nasal (dacriocistorrinostomía). En la cirugía clásica se hace una incisión en la piel, se abre el hueso de la nariz (con una broca) y la mucosa de la fosa nasal. Requiere puntos superficiales, produce una cicatriz en la piel y sangra. En el momento actual la cirugía se realiza con un estilete de láser introducido por el punto lacrimal que abre el hueso y se acaba el procedimiento por vía endonasal. No requiere suturas, no deja cicatrices superficiales y se controla mucho mejor el sangrado.


Dacriocistorrinostomía endonasal

El láser comunica la vía lagrimal con la nariz


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martes, 29 de mayo de 2018

Párpados

Trastornos de la estática palpebral

Malposición de los párpados

Entropión. Desplazamiento del borde de los párpados hacia el globo ocular. Las pestañas rozan e irritan la conjuntiva y/o la córnea. El entropión se puede dividir en: congénito, cicatrizal (por causticaciones, quemaduras, tracoma penfigoide), senil y estático agudo (blefarospasmo esencial). Se debe evitar el contacto de las pestañas con la conjuntiva y la córnea con lentes de contacto, tiras adhesivas y con cirugía.


Entropión

Ectropión. Eversión y separación del borde libre palpebral respecto al globo ocular. Se acompaña de epífora si se evierte el punto lacrimal y de conjuntivitis crónica. Cursa con molestias oculares, sequedad corneal y queratopatía consecuencia del mal cierre palpebral que pueden ocasionar pérdida visual. La parte evertida muestra la conjuntiva carnosa enrojecida. Los casos avanzados cursan con hipertrofia conjuntival y queratinización por exposición de la conjuntiva. Puede ser congénito, cicatrizal debido a cirugías previas, causticaciones, quemaduras o inflamaciones crónicas, paralítico por paresia del orbicular o del nervio facial, mecánico por tumores orbitarios o herniación de la grasa orbitaria e involucional por debilidad del ligamento cantal medio o lateral y laxitud palpebral en relación con la edad. El tratamiento médico intenta prevenir las complicaciones corneales y esperar la evolución espontánea con lágrimas artificiales, pomadas lubricantes, lentes de contacto terapeúticas y oclusiones. Si la evolución es muy larga o no se observa recuperación, deberá recurrirse a la cirugía. En algunos casos con una tarsorrafia temporal para aliviar los síntomas pero el tratamiento definitivo es la cirugía para evitar las complicaciones más graves.

Triquiasis. Las pestañas mal dirigidas crecen hacia el interior del globo ocular sin alterar la posición normal del párpado. Es una condición adquirida. El roce de las pestañas irrita la conjuntiva y producen erosiones o úlceras corneales. Es frecuente en las blefaritis crónicas, en el penfigoide cicatricial, en el Síndrome de Stevens –Johnson y en las quemaduras por álcalis. Se trata con depilación simple, con electrolisis, con termoablación, con crioterapia y mediante resección de los folículos pilosos. Distriquiasis. Es la presencia de pestañas supernumerarias detrás de la primera línea, a nivel de las glándulas de Meibomio. Si ocasionan trastornos corneales o conjuntivales, se deben eliminar con láser, cauterio o cirugía.


Triquiasis. Las pestañas rozan la conjuntiva y la córnea
    


Epicanto. Repliegue cutáneo, originado generalmente en el párpado superior y de concavidad temporal, que se sitúa en el ángulo interno de la hendidura palpebral reduciendo el diámetro de ésta . Si el pliegue se origina en el párpado inferior, se denomina epicanto inverso. En algunas razas es fisiológico. El epicanto es una causa frecuente de seudoestrabismo. Cubre la zona nasal del globo ocular, dando la impresión de que existe un estrabismo convergente. Es un motivo muy frecuente de consulta al oftalmólogo. La mayor parte de epicantos disminuyen con los años y desaparecen a la edad escolar.

Blefarofimosis. Es una fisura palpebral anormalmente pequeña. Se asocia a epicanto y ptosis. Si provoca trastornos funcionales, debe realizarse tratatamiento quirúrgico.

DermatocalasiaEs una alteración debida a un proceso senil. Consiste en un exceso de tejido palpebral superior e inferior, con herniación de la grasa orbitaria. Desaparece el pliegue palpebral. Como tratamiento, deberá hacerse una resercción de la piel si dificulta la visión o por razones estéticas. Al mismo tiempo, se extirpará la grasa orbitaria prolapsada.



Dermatocalasia con grandes bolsas palpebrales



Trastornos de la dinámica palpebral

Ptosis. Es un descenso o caída de los párpados superiores cuando los ojos están abiertos. Puede ser unilateral o bilateral, constante o intermitente.

Congénitas. Anomalía del desarrollo del músculo elevador presente al nacer, aislada o asociada a parálisis de la elevación y sincinesia de Marcus Gunn (elevación del párpado al abrir la boca). Si el párpado caído tapa la pupila se debe operar pronto para evitar la ambliopía. Si la ptosis no cubre la pupila, es leve se observa y si es moderada se opera para mejorar el aspecto estético cuando el niño sea mayor de 5 años. Se emplea anestesia general. Se tensa o acorta el elevador párpado.

Adquiridas (o secundarias).

Miógenas. Se asocian en el 95 % de los casos con miastenia grave por alteración de la transmisión nerviosa a nivel de los receptores de acetilcolina en la placa motora. La ptosis es de grado variable con empeoramiento vespertino. Se diagnóstica mediante el test del tensilón.

Neurógenas o paralizantes. La ptosis simpática es unilateral, de intensidad media y asociada casi siempre con el síndrome de Claude Bernard-Horner (ptosis por afección del músculo tarsal de Müller, miosis y enoftalmos). Las ptosis asociada a parálisis del III par es unilateral y completa. El ojo se desvía hacia fuera por acción del músculo recto externo, inervado por el VI par, y hacia abajo por acción del músculo oblicuo superior, inervado por el IV par. También hay participación de la musculatura intrínseca ( esfínter del iris y músculo ciliar); Las pupilas permanecen en midriasis pues se afecta el esfinge del iris y se abole el reflejo de acomodación por afectación del músculo ciliar. Las etiologías más frecuentes son la esclerosis múltiple, diabetes mellitus, aneurismas y tumores.

Lagoftalmos. Es la imposibilidad de cerrar los párpados debido, en la mayoría de los casos, a una parálisis del nervio facial. Este signo sitúa la lesión del VII par a nivel periférico, con afección del núcleo y la rama superior pues las lesiones cortical o central de dicho nervio no afectan al sistema de cierre palpebral. Al cerrar el párpado, el globo ocular asciende y queda una zona de córnea o esclera expuesta (signo de Bell) con posibles lesiones por desecación, que obligan a ocluir y en casos prolongados a realizar tratamiento quirúrgico (tarsorrafia o sutura de ambos bordes palpebrales). La etiología más frecuente es una parálisis facial “a frigore” por lesiones en la parótida, en el peñasco o en el núcleo asociado al VI par. En ocasiones se produce retracción palpebral por contracción del músculo elevador del párpado como pasa en la enfermedad del Graves-Basedow.


Infiltración fibrovascular corneal (pannus) en un lagoftalmos de arga duración por parálisis facial


Contraciones involuntatrias

Blefarospasmo. Es una contracción involuntaria, persistente o repetida, del músculo orbicular del párpado. El estrés emocional y la fatiga lo empeoran. Puede ser unilateral (cuerpos extraños, úlcera corneal) o bilateral (postencefálico, nocturno, cortical, histérico).

Hemiespasmo facial. Es un pestañeo intermitente consecutivo a parálisis del facial (VII par); traduce una regeneración aberrante o una alteración esencial. No hay tratamiento sintomático. Puede intentarse la alcoholización de los filetes del VII par, aunque su acción es transitoria.

Fibrilaciones del orbicular (tremor). Son más frecuentes en el párpado inferior. Se trata de movimientos de contracción intermitente inconsciente y visible en forma de pequeñas sacudidas. Pueden ser producidas por la fatiga y la falta de sueño.

martes, 22 de mayo de 2018

Párpados

Enfermedades de la piel de los párpados

En los párpados se puede encontrar casi toda la patología dermatológica.

Enfermedades infecciosasLas enfermedades bacterianas más frecuentes son las ocasionadas por estafilococos (impétigo) y estreptococos (erisipela). producen abscesos y celulitis; Las granulomatosas (tuberculosis, sífilis) son excepcionales. Las víricas son muy frecuentes (verrugas, molluscum contagiosum, sarampión, varicela, escarlatina y herpes) y las micosis infrecuentes.



Blefaritis. Inflamación de los párpados causada por infección (estafilococo), seborrea o rosácea. Suele ser crónica y bilateral. Cursa con sensación de cuerpo extraño, quemazón, prurito y ardor. La blefaritis puede ser eritematosa con enrojecimiento del borde palpebral por vasodilatación, escamosa cuando hay escamas en las pestañas y ulcerocostrosa con una costra amarillenta con bordes engrosados. Película lagrimal inestable por disfunción de las glándulas de meibomio. Puede complicarse con queratitis punctata superficial, síntomas de ojo seco, neovascularización corneal, infiltrados corneales, triquiasis, poliosis y pérdida de pestaña. Se forman abscesos localizados en los folículos pilosos y y glándulas sebáceas de Zeiss que conducen a malposición (triquiasis) y caida de las pestañas (madarosis). Se trata con compresas calientes, higiene palpebral y antibióticos tópicos y en los casos recalcitrantes pomadas de esteroides y tetraciclinas (doxiciclina) sistémicas.


Blefaritis

Blefaritis herpéticas. En el herpes simple se observan vesículas y lesiones ulceradas en el párpado superior o perioculares que en la infección primaria se hacen evidentes en 3-9 días y se resuelven en 2-3 semanas y si son recurrentes se desarrollan en 2-3 días y duran una semana. Curan sin dejar cicatrices. Se tratan con antivíricos profilácticos para proteger el globo ocular. Las del herpes zoster son unilaterales con fatiga, malestar y fiebre baja. En la zona afecta, usualmente la división oftálmica del trigémino (V par), aparecen pápulas eritematosas y días después vesículas que se ulceran, supuran o hacen costras. Se tratan con compresas húmedas y antivíricos orales para disminuir la diseminación sistémica del virus y las complicaciones oculares.

Orzuelo. Es una inflamación localizada aguda de los folículos de las pestañas usualmente provocada por staphylococus. Se aprecia un nódulo dentro del párpado con eritema del tejido adyacente y dolor localizado.

Orzuelo externoFoliculitis aguda y supurada del folículo piloso de una pestaña y de sus glándulas sebáceas de Zeiss. Produce dolor, enrojecimiento y edema localizado. Suele ser pequeño y superficial, protruye hacia el borde palpebral externo y en ocasiones se observa pus en el orificio glandular.

Orzuelo interno. Infección aguda supurada de la glándula de Meibomio. Si es extenso puede provocar celulitis palpebral. Los síntomas son más intensos que en los externos. Los orzuelos se tratan con compresas calientes y pomadas de antibióticos y antiinflamatorios.


Meibomitis. Inflamación usualmente subaguda de las glándulas tarsales de Meibomio con enrojecimiento y ligero engrosamiento de la piel, y dolor moderado pero sin supuración. Pueden aparecen quistes oleosos, y estenosis de los orificios glandulares con aparición de secreciones oleosas al presionar sobre el margen palpebral. Se denomina calacio la iInflamación granulomatosa crónica de las glándulas de Meibomio. Los orificios glandulares se cierran y se forma un lipogranuloma envuelto por una condensación de tejido que actúa a modo de cápsula. Es un nódulo duro, indoloro, con inflamación moderada, sin signos irritativos y de tamaño variable. Se localiza en el tarso, y la piel se desliza fácilmente sobre él. Se trata con higiene palpebral, compresas calientes, antibióticos tópicos y sistémicos, triamcinolona intralesional y cirugía con extracción de la cápsula y todo su contenido. Se debe realizar estudio histológico de la pieza pues puede confundirse con lesiones malignas.

Quiste de Meibomio, en el borde de un párpado con blefaritis


Inchazón palpebral. Tiene multiples causas que incluyen: las blefaritis, conjuntiitis, calacios, orzuelos, dacriocistitis, alergias (medicaciones, lacas, esmaltes de uñas, cosméticos, animales, plantas), insuficiencia renal, enfermedad angioneurótica, celulitis orbitara y palpebral.

Tumores

Benignos. Pueden aparecer todos los tumores de piel y tejidos blandos. Los más habituales son papilomas, hemangiomas dermoides, nevos, lipomas y fibromas. Los hemangiomas de los niños acostumbran tener una regresión espontánea y usualmente no precisan tratamiento. Los casos más importantes se tratan con inyecciones de corticoides intralesionales.


Hemangioma en un niño

Papiloma

Xantelasma (xantoma plano). Depósitos lipídicos dérmicos, amarillentos y algo elevados frecuentemente localizados en la zona medial de ambos párpados.Son placas de infiltrados de macrófagos y contienen células gigantes de Touton. Más frecuentes en mujeres de más de 50 años y en pacientes con diabetes, afecciones de vías biliares y alteración del metabolismo graso.



Xantelasma


Hidrocistoma. Lesion quística asintomática de las glándulas sudoríparas ecrinas o apocrinas (glándulas de Moll). Usualmente se presenta como un nódulo único traslúcido con secrección serosa o lechosa. El apocrino se produce por bloque de la secrección de las glándulas de Moll, presenta a veces lesiones múltiples usualmente en el borde palpebral. El ecrino es menos frecuente y no siempre se localiza en el margen palpebral.

Malignos.

Carcínoma basocelular. Es el tumor maligno más frecuente (90% de los casos) del párpado. Tiene predilección por el párpado inferior en forma de un nódulo con el centro deprimido y muchas veces ulcerado con un reborde. Existen formas nodulares, difusas (morfeiformes), ulceradas o multicéntricas. Pueden ser queratinizados y pigmentados. Muchas veces se confunde con el calacio u otras formaciones benignas. Puede infiltrar las estructuras adyacentes y extenderse hasta el globo y hueso orbitario pero las metástasis son raras. Pueden resultar fatal por invasión craneal. Se tratan con cirugía extrayendo todo el tumor con sus alrededores hasta dejar los márgenes libres histológicamente. Usualmente se realiza cirugía reconstructiva después de dicha cirugía pero pueden recidivar. También son radiosensibles.


Carcinoma basocelular


Carcinoma espinocelular. Representa el 2% del total de cánceres palpebrales. Muchas veces asienta en lesiones precancerosas, como queratosis actínica, áreas ulceradas. Tiene hiperqueratosis, mitosis, invade los tejidos, da metástasis a los ganglios locales y a distancia. La mortalidad es alta.

Queratoacantoma. Se transforma a veces en carcinoma escamoso y por eso se considera y se trata como un tumor maligno (antes se incluía en los benignos). Es de rápido crecimiento, se estabiliza y regresa lentamente. Se relaciona con la exposición solar y algunos agentes carcinógenos como el tabaco. Más frecuente en hombres mayores de 65 años.

Carcinoma sebáceo. Es muy raro y normalmente se llega al diagnóstico al realizar la histología de una lesión recidivante considerada erróneamente como un calacio.

miércoles, 16 de mayo de 2018

La Dra. Elena Bonafonte en la PCS 2nd Global Diabetes Conference 2017



La Dra. Elena Bonafonte participó como ponente en la última edición del prestigioso congreso PCS 2nd Global Diabetes Conference 2017, en Praga (República Checa). Especialista en retina y vítreo y autora de “Esquemas clínico-visuales en Oftalmología” y “Técnicas diagnósticas en la retinopatía diabética”, la Dra. Bonafonte presentó la combinación de terapias en el Glaucoma Neovascular Diabético. Se trata de un tipo de glaucoma secundario producido por la formación de nuevos vasos sanguíneos en la parte anterior del ojo, en el iris y en el ángulo iridocorneal de la cámara anterior.


Dra. Elena Bonafonte



El PCS Global Diabetes Conference, referente a nivel mundial, acogió a más de un centenar de reputados profesionales de más de veinte países. Organizado por Global Century Science Group, el evento se centró en la innovación técnica para encontrar formas eferentes para el tratamiento de la diabetes, teniendo como principales temas la investigación básica e innovación, la práctica clínica y gestión de complicaciones, la salud pública y la atención médica.


La Dra. Elena Bonafonte y el Dr. Sergio Bonafonte